Salimos a las calles por nuestros derechos, nuestra libertad y por mejores condiciones de vida y contra las políticas de ajuste y recorte del gobierno nacional y los gobiernos provinciales; los despidos, el ataque a las condiciones laborales, previsionales, a las pensiones y programas sociales que generan una situación de mayor vulnerabilidad para las que menos tenemos. Luchamos en contra de la degradación de la sociedad y el aumento de la violencia en los diversos ámbitos; laboral, social, familiar y sexual. Y en la marcha de este 8 de marzo quedó comprobado que juntas podemos hacer temblar el mundo. La visibilización traspasa fronteras, une, crea y da fuerzas para continuar un reclamo social que en los últimos años se está convirtiendo en la lucha de todas y todos. Luchamos por nuestro derecho, y el de las futuras generaciones, a vivir y disfrutar de los recursos que nos da la naturaleza, por eso defendemos la vida y el medio ambiente contra el saqueo y la contaminación de las petroleras, los pooles de siembra y las megamineras que destruyen los bosques, los campos y las montañas y envenenan tanto el agua como el aire.

La filósofa francesa Simon de Beauvoir en sus ensayos sobre la lucha de las mujeres para poder cambiar los parámetros patriarcales de la sociedad del siglo pasado, acertaba lo que hoy es un disparador que se reivindica en cada marcha, en cada acción colectiva: vivir individualmente significa ser consciente de que en una sociedad como en la que vivía ella y vivimos nosotras, estamos en desigualdad de condiciones legales, sociales, institucionales, afectivas y de relación personal con los hombres; y luchar colectivamente es porque después de haber tomado conciencia individual de esa desigualdad no basta con defender tu autonomía e igualdad, sino que hay que llevar una lucha colectiva porque las opresiones existentes, como decía Beauvoir, nos implican a todas.

Luchamos por ser respetadas y la lucha contra la opresión de las mujeres es, también, una lucha anticapitalista, sólo la revolución social encabezada por millones de trabajadoras y trabajadores en alianza con el pueblo pobre y todos los sectores oprimidos por este sistema, que acabe con las cadenas del capital, puede sentar las bases para la emancipación de las mujeres.

El trabajo asalariado sin librar a la mujer de las tareas domésticas, no significa emancipación. El trabajo asalariado sin el derecho al aborto, no significa emancipación. El trabajo asalariado sin igualdad salarial e iguales derechos de formación profesional, tampoco significa emancipación de la mujer, la urgencia de liberación no solo pasa en el sentido humano, para que nos sintamos más libres y plenas, sino también por las necesidades prácticas de la revolución, por la necesidad urgente de que toda la clase trabajadora se incorpore cada cual con sus habilidades y sus talentos, en las tareas de defensa de la revolución y la construcción del socialismo.

El 8 de marzo de 2018 en todo el mundo millones de mujeres paramos y nos expresamos. Distintas generaciones unidas en un mismo propósito. Desde distintas columnas, de diferentes sectores. Todas juntas.

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