Faltando pocos días para el estreno del Documental sobre lo ocurrido con Nino Largueri en 2015, su familia está recibiendo sendas amenazas para que se «deje de joder», o sea, que desista de seguir reclamando justicia.

«Hola Anahí Andrade dejate de joder con Nino vos loca o qué te pasa… qué clase de hermana es que SOS vos, tenés remordiento en tu conciencia, tenés que ir al cementerio a pedir perdón a tu hermano… ocupate de tus hijos de tu marido si seguís así te vas a morir te vas ir con tu hermano, pensá en tus hijos y tu marido si le quieres…» son algunas de las amenazas vertidas por un número desconocido.

Antes, una mujer vinculada a la Policía de Monte Caseros y al Juez Eduardo Alegre envió a Anahí Andrade varios audios en un tono similar de amenazas.

Es muy llamativo que estas amenazas se produzcan justo cuando estan organizando la presentación del Documental… Qué pasó con NINO Sebastián Largueri? para el 19/1 en Monte Caseros.

Las amenazas son posibles por la impunidad que la justicia y el gobierno provincial le garantizaron a los 4 policías imputados por el asesinato de Nino, suspendiendo el juicio del año 2019.

Hacemos responsables de la integridad de la familia amenazada a la Policía, al poder judicial y político de Monte Caseros y la provincia, y llamamos ampliamente a toda la sociedad y a las organizaciones, a repudiar estos hechos, a solidarizarse con las víctimas y a no bajar los brazos ni dejarse amedrentar.

Familiares de Nino Largueri.
Cooperativa Amaranto (autores del documental).

El 14 de agosto de 2015, Nino estaba en la casa de Juan, un amigo que vivía por el centro de Monte Caseros. A las 23.45, cuatro oficiales llaman a la puerta de la casa de Juan, reclamando la salida Nino, porque, se justificaban, se había robado un paquete de cigarrillos del casino. Los cuatro efectivos eran Íbalo, García, Aguirre y Goín. Así lo relató un testigo que estaba en la casa:

Yo salgo y me preguntan si Largueri se encontraba en el domicilio. Yo les dije que sí y lo llamo a Nino. Entonces los dos nos acercamos al portón. Él quería prender un cigarrillo, pero no tenía encendedor y uno de los policías le ofrece uno. Él se arrima un poco y ahí lo arrebatan. Lo agarran dos policías y lo llevan al patrullero. Yo le pregunto a uno de los cuatro qué es lo que había pasado y ellos me dicen que él había sacado un paquete de cigarrillos del casino. Yo no sabía por qué, no entendía nada en ese momento. Ahí les digo que no le vayan a hacer nada. Cuando lo sacan de acá le pegan en las costillas, él se queja y se retuerce. Entra al patrullero en la parte de atrás y por la ventanilla de adelante saca la mitad del cuerpo y me empieza a gritar: “Ayudame, amigo, ayudame”. Hasta el día de hoy no me lo puedo sacar de la cabeza. En ese momento yo les digo a los policías: “No le vayan a hacer nada”. “No, quedate tranquilo, él se va a quedar esta noche en la comisaría, mañana ya va a andar”. Entonces lo suben al patrullero, yo voy hasta el portón y me quedo parado observando para dónde agarran ellos. Y no fueron en dirección a la comisaría.

Desde ese momento hasta la madrugada del 15 de agosto, nadie supo más nada de Nino. A las 5.30 de la mañana, a unos 15 kilómetros de la ciudad, en la Citrícola Piloni, apareció malherido y desconcertado, caminando entre plantaciones de naranjas, mandarinas y limones. José Soto, el cuidador de la empresa, lo vio mientras estaba desayunando y Nino le contó lo que le había pasado. Así lo recordó Soto:

A las 5 de la mañana él ingresó en el establecimiento. Yo justo me levanté e hice fuego. Estaba tomando mates y escuché que llegó alguien. Salí y era él. Entonces abrí la puerta porque hacía frío, había llovido. Bien asustado me dice: “Me golpearon todo” y le digo “¿Quién te golpeó?”. “La Policía”. “¿Y por qué te golpearon?”. “Y, no sé”, me dice, “Pero me dijeron que la próxima me van a matar, que me agarran la próxima y me van a matar”.

Nino estaba golpeado, rasguñado. Tenía golpes por la pierna, el cuerpo, estaba todo golpeado. Y lleno de arena en la cara, la oreja, se ve que lo habían revolcado. Él estaba como desatinado, medio asombrado. Después yo le pregunté “¿Vos querés ir al pueblo?”. “Y sí, ¿por dónde tengo que salir?”, me respondió. Y según lo que cuenta, el comentario es que andaba perdido, no sé si ingresó al pueblo o no. Estaba todo mojado, con frío. Temblaba.

A las afueras de Monte Caseros, está el Regimiento militar de Infantería 4, escenario del segundo levantamiento de los carapintadas liderados por Aldo Rico contra el gobierno de Raúl Alfonsín, el 15 de enero de 1988. En los caminos aledaños  circulan vehículos militares. Cuando Nino Largueri salió de la Citrícola Piloni camino a la ciudad, lo vieron desde un Unimog (vehículo del Ejército). En el expediente del juicio, un oficial que iba en el camión relata que cuando frenaron el vehículo y vieron a Nino herido, él les dijo que venía escapando de la Policía. El testigo reconoce que Nino estaba golpeado por la cara y que además estaba mojado y con arena, tal como lo había descrito José Soto, el cuidador de la Citrícola Piloni. Por otro lado, otro testigo que iba a bordo del Unimog señala que, luego de haber visto a Nino, vieron a un móvil policial que salía de Monte Caseros. Desde el patrullero le habían hecho señas para que se detuvieran. Íbalo, que es uno de los agentes que detuvo a Nino en la casa de Juan, fue el que conversó con el testigo. El militar relata: “Los funcionarios policiales dijeron que sabían quién era y que ya iban para el lugar”.Los oficiales del Ejército fueron los últimos que vieron a Nino Largueri con vida, el 15 de agosto a la mañana. Desde ese momento hasta el 30 de agosto, no hay ninguna información sobre Nino. Ese día, su cuerpo apareció flotando en el río Miriñay, a unos 15 kilómetros de Monte Caseros.


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