Crónica: Jessica Castaño 

Fotos: Candelaria Soria

El patio del Konex alberga ya a las 15: 30 algunas personas que se distribuyen entre el cemento del piso, las hamacas paraguayas y la barra de bebidas. Es un público altamente heterogéneo, como nos está acostumbrando toda movida transfeminista de estos últimos tiempos. Sobresalen las camisas floreadas, los cabellos de colores fantasía, nucas y costados  de la cabeza rapados, piercings y tatuajes. Eso es lo que ve un ojo superficial, una mirada sesgada. El clima que emerge del GRL PWR pone sin duda el acento en otras cuestiones relacionadas con la significación de conquistar estos espacios, como la música, los escenarios, la recreación; conquista impulsada desde distintas corrientes del feminismo que encuentran su punto de reunión en la multiplicidad de voces, la representación de las minorías y la no discriminación. De fondo suena Julieta Venegas, quien abre el festival. Recorre algunos de sus temas más conocidos, y remarca que la mujer que ella es y la que retrata en sus canciones fue cambiando. Como muchas de nosotras. A lo largo del festival quienes se suben al escenario impactan en el público, entre otras cosas, gracias a la posibilidad de identificación que se genera. Los estilos, los ritmos, el volumen e intensidad se van alternando a medida que Loli Molina, HTML, Laysa, Melanie Williams, Ruanda, etc. van haciendo de lo suyo, y muy bien. 

Mientras tanto feria y charlas se van sucediendo en otros sectores, vamos y venimos de un patio a otro buscando ver, tal vez por última vez en el año, a Paula Maffia & sons, Sara Hebe, Barbi Recanati y Marilina Bertoldi. Esta última dupla se sumó al line up pocos días antes de la fecha, como quien se suma a una zapada en casa de amigues. Y así tocan, repartiendo el tiempo entre temas de una y de otra, haciendo el aguante arriba del escenario como compañeras de una causa mucho más grande. Marilina dice que junto con Barbi fueron entendiendo que las vivencias y problemáticas en el mundo de la música eran compartidas, así como también eran compartidos ciertos privilegios. Estar arriba del escenario juntas es parte de la lucha que intenta abrir camino a otras personas que lo tienen más complicado. 

Sara Hebe rompe la noche, abre cantando A.C.A.B y el público corea y poguea “nadie se suicida en una comisaría, yo abortaría por si sale policía” y le dedica un twerkeo junto a Tati Dumé a la movilización social en Chile y toda Latinoamérica. Se revindican las luchas populares, la demanda por el aborto legal y la autogestión de los espacios transfeministas durante toda la tarde y a medida que cae el sol un abrazo simbólico y algunos reales, coronan el espíritu de un festival originario de Córdoba que por primera vez se presenta en Buenos Aires, y cuya bandera de inclusión, diversidad y respeto queda bien arriba. 

Educación sexual para decidir

anticonceptivos para no abortar

aborto legal para no morir

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here