Por: David Rodriguez

El domingo me desperté tarde, tomé el diario mientras calentaba el agua para el mate. Me puse una campera y salí al balcón a tomar un poco el aire, como dicen los españoles. El cielo no daba indicios de querer dejar salir un solo rayo de sol, pero alertaba un día lluvioso. Las noticias no eran muy distintas a las del domingo pasado ni a las de la semana, en año electoral pareciera que la prensa no tiene otros intereses mediatos. A veces pienso, que los editores construyen el diario a partir de la agenda que impone la dirigencia política y no al revés. Entre todo eso, leo que el poeta cubano Roberto Fernández Retamar falleció a los 89, luego de una extensa carrera intelectual, dejó un gran testimonio literario. Recuerdo que descubrí a Fernández Retamar leyendo textos sobre la Revolución Cubana, acontecimiento que lo tuvo como un gran protagonista. Debo confesar que no soy un gran lector de su obra, pero si conozco su aporte a la cultura latinoamericana, se de sus vínculos con García Márquez, con Hayde Santa María, con Cortázar, entre tantos otros. Presidiendo la famosa Casa de las Américas, condujo un vendaval de publicaciones, concursos, e impulsó cientos de nuevos y nuevas voces dentro del marco de la Revolución Cubana y también por fuera.

Antes de su fallecimiento, leí una carta que Julio Cortázar le enviaba confesándole que había sido justamente Cuba quien había reanudado su vínculo personal con Latinoamérica, y no es un dato menor, porque Retamar ha sido un hombre que tendió puentes a todas partes. En 2002 en el marco de una entrevista en El País de España le preguntaron sobre la muerte de la poesía, y este contestó que no estaba de acuerdo con aquella idea porque la poesía, afirmó, nació con el hombre y vivirá lo que viva el hombre. José Lezama Lima dijo de su compatriota: “Roberto Fernández Retamar es uno de los más significativos poetas de su generación. (…).

Revolviendo entre papeles encontré dentro de un libro sobre Fidel una foto en donde el poeta sostenía un recuadro con la imagen de José Martí y allí pensé en la poesía, en la palabra y, en el compromiso. Otra vez, la Revolución, me sacude, me patea, me advierte que algo se fue, que la misión será recuperar todo lo que se pueda, aunque cueste, recuperar.

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