Jorge Dilorenzo murió luego de una descomposición producto de la alta exposición al calor. Jorge, era un puestero de la feria de libros de Parque Rivadavia, él como el resto de sus compañeros fue y son víctimas de los atropellos del gobierno de la ciudad. En tiempos en donde el trabajo no se multiplica, las ideas del ejecutivo porteño colaboran para que el número de desocupados aumente, Encaprichados con la “restauración” de espacios públicos arrasan con todo lo que se les interpone adelante, tanto es así que pretenden, sin consultas a vecinos, ni a especialistas, abrir la calle Beuachef. Allí, funciona una escuela cuya Asociación Cooperadora se opuso a su apertura considerándola innecesaria y peligrosa, Además, se solidarizaron con los puesteros y con los familiares de la víctima, Como siempre, el gobierno de la ciudad hace oídos sordos a los reclamos y continua con sus planes de “urbanización” militarizando la zona, Qué hay que hacer entonces, acaso tendremos que inmolarnos para que no cierren escuelas nocturnas, acaso tendremos que apilarnos de a miles para que no pasen, acaso tendremos que activar procedimientos de violentos para responder a tanta violencia.

Como sabemos, la Ciudad de Buenos Aires cuenta con alto índice de renta per cápita con respecto al resto de las ciudades nacionales, Producto de esa ventaja, el ejecutivo licua dinero de muchos modos, y uno de ellos es la modificación permanente de parques y plazas. Basta acercarse a cualquier boletín oficial porteño para dar cuenta de todo lo que hacen con su plata y con la mía, comprobará que el único cambio es de plata.

Usted se preguntara qué tiene que ver el gobierno de la ciudad con la muerte del puestero, yo le digo, mucho, Las condiciones de trabajo de los feriantes es infrahumana, así describen su situación laboral los feriantes en una carta dirigida a la Dirección de Ferias y Mercados Porteños: “Sin sobre techos, aleros ni toldos, sin agua potable ni luz eléctrica, sin baños” Ningún trabajador ni trabajadora formalizada aguantaría tanta explotación, pero aquí, entre ellos hay un antagonismo. Invito a cualquier persona dudosa de estas líneas a pasearse por los puestos un día como el de hoy, con 31 grados de temperatura y comprobará que no exagero. Los feriantes, como casi la mayoría de los argentinos, viven al día, con los justo, a veces prestados y encima hay que aguantar hasta con la vida, la envestida gubernamental. Los derechos laborales que tanto evocan los funcionarios parecieran estar escapándose de sus manos, o las evocaciones son simplemente mentiras, eufemismos, duranbarbadas, como se conoce en la jerga. Tan enamorados de la propiedad privada, los funcionarios no custodian la de otros con tanta bravura, no defienden el patrimonio ajeno, Si lo hacen, en cambio, con los suyos y los de sus amigos.

Como siempre, la lucha entre trabajadores y Estado no ha perdido vigencia, sin intensidad del bando más perjudicado, El rol de los asalariados, en muchos casos, fue convertido progresivamente en asunto de consumo, La fragmentación del vínculo social con los vecinos, los compañeros de trabajo, los amigos, ha condimentado la no percepción del antagonismo. Esta oposición entre aquellos que explotan y aquellos que son explotados se ha disipado y sin querer, sin advertir, se ha inoculado interiormente. Qué quiero decir, que el antagonismo tradicional burguesía – proletario se ha convertido, como lo refiere Damián Selci, en el binomio “politizado – cualunque”. Creo que aquí se abre una grieta para empezar a pensar por qué pasa lo que pasa, por qué la desmovilización de los afectados, la indiferencia a muertes evitables, la carente empatía con luchas y reclamos que a priori suenan comunes. Se comprueba desde hace un tiempo a esta parte que una porción considerable de la población decide no solidarizarse con estos reclamos. En cambio, esa misma porción se empodera y va a trabajar gustosamente un día de paro al son de “de la única manera que se sale, es trabajando”, o “a mí nadie me regaló nada, todo lo hice trabajando”. En la otra vereda se encuentra la otra porción que es todo lo contrario a la descrita en las líneas anteriores. Lo cierto es que es inmediata, urgente, una resistencia agrupada, con premisas básicas, que identifique problemas comunes, que vislumbre al enemigo, que lo reconozca.

La muerte de Jorge Dilorenzo no debe pasar desapercibida ni debe naturalizarse porque su deceso no fue azaroso, Jorge dejó de vivir pensando que su fuente laboral estaba siendo amenazada por los mismos de siempre, los dueños de todo. Quien ha vivido una situación similar sabe que hablan las voces interiores, conoce la desesperación, pero no puede evitar las respuestas fisiológicas.

Fotografías de Sandra Roffe

3 Comentarios

  1. Profundizan grietas. Resquebrajan la convivencia y si no podemos tomar distancia, elevarnos para ver lo que nos sucede nos terminaran destruyendo. Nuestra sociedad siempre se caracterizo por un valor apreciado, la solidaridad. En el mundo lo saben. Europa de pos guerra no olvida los barcos de ayuda que enviamos. Hasta enviamos a nuestra primera dama, Evita, para afianzar nuestro abrazo solidario. Siempre acogimos a los inmigrantes de pueblos sufridos. Todo eso porque siempre fuimos un pueblo hermanado en los sentimientos. Hoy con tecnicas comunicacionales desde una cantidad de medios nos estan resquebrajando. Solo si lo entendemos y si no tomamos conciencia que unidos solo podremos evitar la dominación y destrucción de nuestro pueblo.

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