Cuando tu hijo tiene fiebre, vas al pediatra. Cuando te duele un hueso, vas al traumatólogo. Cuando te cortas, te pones una bandita y ya. Pero que haces cuando lo que te duele es el mundo. Que bandita usas cuando sentís que sangras por dentro.

Así me siento últimamente. Así percibo la realidad en este tiempo.Veo, leo, convivo, respiro cosas insultantes y violentas.

Hay cosas que ya son obsoletas y detrás de ellas un sinnúmero de personas queriendo parapetar, sostener y justificar cosas insosteniblemente flojas de cualquier justificación.

Voy a adentrarme un poco, para que me entiendan…

Cansada de contratar un servicio y que la atención sea pésima o la calidad del servicio deje mucho que desear. Pero inevitablemente te aumentarán el costo. Eso sí, si perdés tiempo peleando telefónicamente, te aplican un descuento o te bonifican una nueva adquisición. En definitiva, “Te entretengo con espejitos de colores mientras te cobro un servicio que no vale ese costo”.

Cansada de que muchas personas traten mal a otras solo porque se sienten que así pueden hacerlo. La excusa?: Que tuvieron un mal día, que no le pagan lo suficiente, que su trabajo lo denigra o no lo llena, que en la casa tiene unos quilombos bárbaros, y que el nene no le come.

Cansada de escuchar el mismo pedido de justicia televisado las 24 horas de los 7 días de la semana exponiendo familias con dolores desgarradores. Porque a mi juicio, el pedido de Justicia hoy por hoy llega a los oídos equivocados. No me malinterpreten, pero los que nos indignamos, horrorizamos, entristecemos, y nos ponemos en la piel de las personas que están sufriendo siempre somos los mismos. Porque no muchos entienden que la Justicia se ha vuelto un juego de Ajedrez con muy buen marketing que se llena los bolsillos con los agujeros legales y las interpretaciones de las leyes. Que hoy por hoy, esas leyes, no son más que las instrucciones del juego para quienes las aplican ya que por cada Ley tergiversada y “mal comprendida”, hay un beneficio que se entrega en un maletín.

Cansada de que tengas una idea rentable y para poder aplicarla tengas que atravesar un sin número de barreras tributarias, campos minados, misiles de contratiempos, coimas y papeleo que te sacan las ganas de hacer. Porque perdiste toda tu inversión en el medio, porque ya te cansaste de que paso a paso todos quieran morder una porción de tu esfuerzo, o porque Fulanito que tiene que sellarte una habilitación está de vacaciones en Camboriú y hasta que vuelva nadie puede hacer nada. Y eso solo en la cotidianidad, a un nivel más grande: Cansada, de ver como gracias a unas personas inescrupulosas, demagogas, caprichosas y con un bolsillo sin fondo para financiar cuanta controversia o guerra se insinúa, hacen del mundo un ambiente hostil para todos los seres humanos.

El mundo entero fraccionado, desmembrándose y muchos solo quieren saber cuándo empieza la grilla prime time de 2017 o qué serie nueva pasarán por Netflix.

Todos, mirando su ombligo en la inmediatez de su cotidianidad.

Unos pocos, por su futuro.

Casi nadie metiendo la mano en la mugre para ayudar a los otros.

Todo eso me duele, y mucho. Porque los problemas de raíz que hay que solucionar, terminan siendo temas de charla de café. Banalizados a “la moda” de hablar de eso. Se paga la cuenta y listo, el mundo ya es un lugar mejor.

Pero me rehúso a agachar la cabeza. Creo en las personas. Creo en que todavía hay buena Fe. Creo que todos son talentosos a su manera y que ese talento siempre se puede volcar para el beneficio de todos.

Esta nota hoy es un poco descargo, un poco catarsis y un poco sacudida y tirón de orejas, pero por sobre todo es para comunicar que si te sentís así, no estás solo. Ni en tu dolor ni en tus ganas hacer las cosas bien. Yo por mi parte, tomaré mi cansancio y lo transmutaré en ganas de hacer y ver que las cosas cambien.

2 Comentarios

  1. Ese sentimiento agobiante y doloroso se transforma en lucha y muta con la empatía de nuestrxs compañerxs. El encuentro, el abrazo recargan las energías. Gracias por la reflexión

  2. Angustia existencial; lo único que sabemos, la única certeza es que vamos irremediablemente a morir. Por eso la pregunta que corresponde en estos casos sería: cómo queremos vivir?
    Compartimos angustia.
    Saludo.

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