Quizás las líneas que siguen no rompan el blindex de la individualidad neoliberal pero tal vez posibilite la reflexión acerca de un hecho que concierne a todxs aquellxs que sentimos una injusticia ajena como propia. Han ocurrido en la historia de la humanidad contados ataques de desposesión, conquista, apropiación y/o robo de parte de quienes disponen del poder (opresores) de las armas y del capital contra minorías indefensas (oprimidas). Podemos ejemplificar la conquista a través de ejemplos no muy lejanos como la lucha del pueblo argelino, el combate asimétrico de comunidades africanas contra el apartheid, la persecución de las poblaciones afro descendientes en Estados Unidos, la expulsión de sus territorios a comunidades originarias en América latina y una larga lista de etcéteras. Estudiando cada caso podemos dar cuenta de que los métodos y objetivos- si bien cambian con el desarrollo de la técnica -mantienen la misma naturaleza imperialista. Esta conquista, imposición, apropiación no ha cesado desde que la burguesía en su ascenso, liberó el trabajo y desposeyó de la tierra al trabajador dejándolo únicamente con la posibilidad de vender lo que le quedaba: su mano de obra.

Así podemos dar cuenta con esta brevísima introducción de que el opresor siempre elige en qué lugar estar mientras que al oprimido no le queda otra opción que armar la resistencia sabiendo a priori que la lucha será larga y asimétrica, injusta y dolorosa. Aun así, cada movimiento que decide reconquistar sus derechos enciende en cualquier parte del mundo la llama de la revolución.

Theodor Adorno en su último curso introductorio de Sociología proponía que ésta debería ocuparse entre otras cosas-aparte de dejar al positivismo de lado- de la esencia y, de la apariencia de las leyes del movimiento de la sociedad. Sostenía que habría que esmerarse para saber por qué se había llegado a una determinada situación y hacia dónde va ésta pero sin dejar de lado la revelación de la apariencia. Llegamos hasta acá para interrogarnos por qué en el sur de la República Argentina tropas militarizadas expropian, apañadas por el monopolio legal de la fuerza, a comunidades mapuches. ¿Cuáles son las razones por las que el gobierno israelí, reprime, conquista, detiene y asesina a palestinxs? ¿Acaso la constitución del Estado- Nación requiere ese tipo de prácticas para su expansión y conservación? Investigar acerca de estos interrogantes nos empujará a diversas conclusiones que no son materia de este artículo. Bastara con saber para nuestro cometido que los estados nacionales en post de expansión utilizan los mismos medios de eliminación aunque los distancien miles de kilómetros. Los casos de Facundo Jones Huala y Ahed Tamimi poseen varias similitudes. El primero, líder mapuche, desconoce a los estados argentino y chileno, resiste junto a su comunidad a la expropiación de sus tierras y de su cultura, enfrenta a las fuerzas de seguridad, interpela a la prensa hegemónica. La consecuencia de la desobediencia: detención, acusaciones infundadas, juicio y extradición.

Ahed Tamimi, joven palestina, cometió el delito de abofetear a un militar de las fuerzas de ocupación israelíes en el patio de su casa. La furia desatada de la joven se originó al enterarse de que su primo Mohammed había sido mal herido durante la protesta de los viernes en Nabi Saleh y su vida corría peligro. Esa desobediencia, sumada a la defensa abnegada de su territorio fue lo que bastó para detener -como a otrxs tantxs menores- a Ahed Tamimi no durante la luz del día sino que esperaron la oscuridad para hacerlo. Sucedido ese hecho el video y, las fotos donde se ve a la joven resistiendo a la invasión se virilizó por todas las redes sociales constituyendo un símbolo de la pacifica resistencia palestina. A la espera de la sentencia de un tribunal militar, Ahed, mantiene – sí, leyó bien militares decidirán el destino de una joven de 18 años cuyo delito fue abofetear a un colega-. Aun así, el reflejo de sus ojos indica que la llama encendida de la resistencia del pueblo palestino no claudica, no retrocede a pesar de que es consciente de que enfrenta con piedras a uno de los ejércitos más poderosos del mundo. Los casos de Jones Huala y Ahed Tamimi son parte de un mismo plan de exterminio que la prensa hegemónica y, la filmografía hollywoodense no visibilizan. El desarrollo de medios contra hegemónicos, independientes, alternativos, así como también la importancia de internet son bastiones de lucha donde se puede herir al opresor hasta ultimarlo. Esta tarea requiere de un gran esfuerzo físico e intelectual, requiere interpelación, reflexión metódica, acción, y por sobre todo toma de posición porque aquel o aquella que se considere neutral no hacen otra cosa que colocarse en el bando opresor.

En busca de respuestas que mejor que contestarlas con más preguntas a saber: ¿Cómo se produce la indignación internacional? ¿Quién maneja los humores de la comunidad? ¿Por qué la foto de Ahed no es tapa de grandes diarios como si lo fue la de Leopoldo López o la de Henrique Capriles? ¿Por qué razón Lenin Moreno no es cuestionado por subestimar la inteligencia del pueblo ecuatoriano con un irrisorio plebiscito? ¿Cuáles son los motivos del encarcelamiento de Milagro Sala en Argentina? ¿Por qué mataron a Santiago Maldonado y a Rafael Nahuel? ¿Quien ejerce el control del discurso? ¿Qué está permitido y que no? ¿Quiénes tienen voz y quienes no? ¿Por qué cientos de chicxs se encuentran detenidxs en cárceles israelíes?

Tal vez este conjunto de interrogantes exceda el argumento de este articulo pero la intención del mismo es cuestionar a través de preguntas lo dado, lo naturalizado, lo hermetizado, lo blindado, lo prohibido.

A modo de conclusión Ahed Tamimi fue víctima como otrxs tantxs de la violencia imperialista, de esa violencia de la que todxs somos víctimas pero muchxs o no quieren enterarse o no se dan por aludidxs. Seguramente esa violencia cuando no es explicita, cuando no se comprende, cuando no nos toca no duele porque quizás así fuimos estructurados, porque así han construido nuestra subjetividad, porque así se han apoderado de nuestros cuerpos, porque así somos: servidores voluntarios del opresor.

La joven palestina y el Lonko Jones Huala representan a niños y niñas, a hombres y a mujeres, a ancianos y a ancianas que han sufrido y sufren la desposesión de sus tierras, la erradicación de sus modos de vida, la imposición de otras, la claudicación de sus formas culturales, el aniquilamiento de sus sueños, la continuidad de sus vidas. El estado israelí y el argentino replican lo que han hecho otros estados al momento de expandirse e instalar un modo de vida distinto al que tenían las comunidades originarias. Una cultura por imposición respaldada por la violencia legítima, una cultura que derrama sangre, mutila voces y claudica derechos.

Ahed Tamimi y Jones Huala nos interpelan, nos reclaman, nos colocan en una posición poco cómoda porque con su resistencia han trasgredido leyes capitalistas que rechazamos a diario pero no a veces no ponemos el cuerpo. Ellos lo han hecho, se han ensuciado las manos y con las manos sucias seguirán enfrentando al opresor. Entonces nosotrxs qué hacemos.

Sobre Aquellxs que luchan.- Por: David Rodríguez.

 

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