por «La Kiki Velázquez»

 

¡Así vestida, conmigo a la calle no salís! ¡Pareces una puta! ¡Vos sos mi mujer! Le decía Guillermo, a Malena saliendo para el bar. Aparentemente, ser “su mujer” habilitaba a que decidiera como ella se tenía que vestir, también como se podía peinar, como debía caminar y hasta como tenía que mirar. Claro que eso no fue de un día para el otro, llegar a eso llevo mucho tiempo, dieciocho años exactamente. Dieciocho años le habían alcanzado para poner en práctica todo lo que había aprendido, mucho le habían enseñado los cuentos donde las historias siempre tenían un final feliz y las películas de princesa, esas donde aparecen los príncipes a “salvarlas” de quien sabe qué, las canciones muy bien le habían mostrado como “el amor todo lo puede” que “el verdadero amor, todo lo perdona”, las novelas le habían contado historias de amores eternos, infinitos, únicos. Porque amor verdadero hay uno solo, decían y hay que cuidarlo. Lo que nadie le dijo fue que cuidar al amor verdadero, esa media naranja que llega para completarte, era tan difícil; la entrega debe ser total, si amas de verdad tenés que renunciar a tu intimidad, ese amor debe ser el centro de tu existencia, tenés que ser fiel y exclusiva, deberás aceptar y obedecer la voluntad de “tu hombre” y así, solamente así, vas a ser feliz. Con dieciocho años y a su amor verdadero en frente Malena solo atino a hacer una cosa, ir a cambiarse de ropa.
A Sofía no le había ido mucho mejor, ella no había visto muchas películas de princesa, pues en su casa no había tele, sin embargo, soñaba con encontrar algún día a un príncipe que sea capaz de salvarla del infierno en el que vivía. A sus dieciséis años, había dejado la escuela, en casa faltaba comida, mamá estaba enferma y había que comprar remedios, la plata que papá ganaba (cuando trabajaba), se la gastaba en alcohol, es por eso que tenía que trabajar en el bar, le pagaban poco por muchas horas de trabajo pero le daban de comer y eso ya era algo. En ese mismo bar Sofía conoció a Luis, el bachero, no era muy parecido a lo que ella imaginaba como “príncipe” pero a veces la acompañaba a la parada del colectivo, le “hacia el amor” en el baño o el depósito y cuando estaba de buen humor le decía cosas lindas como “qué lindo culo que tenés” o algo parecido, no mucho tiempo después Sofía queda embarazada, pero a Luis no pareció agradarle mucho la noticia, de hecho renuncio a su puesto de bachero y nunca más volvió a aparecer, al cabo de un tiempo en el bar se enteraron del embarazo de la pequeña y decidieron despedirla, para “no tener problemas”.
No sabemos cuál fue la razón, si el miedo a la reacción de su papá, su corta edad, el miedo a estar sola a cargo de un bebe o todas juntas, lo cierto es que ella llego a un lugar, una mañana, sola y asustada con la esperanza de solucionar su problema pero no volvió a salir de ahí, Sofía a sus dieciséis años murió desangrada en un aborto.
Claro que eso no salió en las noticias, los medios no lo muestran porque a la opinión publica (la que importa), no le interesan este tipo de cosas y es por eso que no sabemos a ciencia cierta cuantas Sofias hay en nuestro país, tampoco cuantas Malenas están es este momento agachando la cabeza ante sus agresores, esperando por esa felicidad que nunca va llegar. Lo cierto es que hay cifras aproximadas que dan miedo:

* Medio millón de abortos por año se llevan a cabo en Argentina, altísima cifra que demuestra que su penalización no impide su práctica.
* Mueren 300 mujeres por año en argentina por abortos clandestinos.
* Cada 31 horas, muere una mujer víctima de femicidio.
* Se registran 600 denuncias por día, por violencia de género.
* Además, según datos de la procuración de la Suprema Corte de Justicia de Buenos Aires, casi el 75% de las causas por lesiones leves y amenazas con victimas femeninas, fueron archivadas, eso significa que hay 43.900 mujeres olvidadas por el estado.
* Entre 2008 y 2014, 2.196 niños perdieron a su madre, de ellos 1.407 eran menores de 18 años. Entre enero y octubre de 2015, fueron 167 niños los que quedaron sin madre.
Por eso y muchísimas cosas más es que exigimos:
* Aborto legal, seguro y gratuito en hospitales, clínicas y obras sociales de todo el país.
* Educación sexual, desde el nivel inicial en todas las instituciones educativas.
* Que se cumpla integralmente la ley de prevención y erradicación de la violencia hacia la mujer, que haya monitoreo y presupuesto; que se garantice el acceso a la Justicia a las víctimas con patrocinio jurídico.
* Educación, prevención y construcción para una sociedad libre de violencia a las mujeres.
* Ayuda real, concreta y gratuita para todas las víctimas de violencia género.

-Segunda entrega de «La Kiki Velázquez».

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