Por: David Rodriguez

Justo hoy, sí, justamente hoy leí que en 1953 Herbert Marcuse escribió en el prólogo de uno de sus famosos libros que proponía la noción de “sublimación no represiva”, es decir pensar la idea de una civilización no represiva. Marcuse avisaba que el desarrollo de la tesis podría resultar un tanto utópica, pero no improbable, frívola, pero no inexistente. Las formas de dominación han cambiado de tal manera que hemos aceptado agradablemente sus nuevos modos. Hemos aceptado una democracia producto de la derrota y nos hemos golpeado el pecho para defenderla. Defendemos “el pacto social” que mata a decenas de hombres y mujeres de hambre, de frió y de represión. ¿Los dictadores se fueron, o los derrotaron?

Creemos diariamente que la libertad que otorga la democracia es tan amplia que no existe otra manera de vincularnos políticamente, pensar otra posibilidad acerca a uno a un terreno poco transitable. Habitar un espacio no democrático, significa, en modo argentino, habitar la dictadura, la oscuridad, la tortura, la desaparición y eso cancela la posibilidad de pensar un poco más. Alexandra Kohan, cuenta en su último libro, que el capitalismo, rechaza las cosas del amor porque el amor implica falta, mientras que el capitalismo, nos hace creer que esa falta la podemos llenar por medio del consumo. Por otro lado, dice la psicoanalista argentina, que el capitalismo nos pretende completos y sin angustia, para seguir siendo productivos. Cuando leía esa reflexión, simultáneamente la ministra Patricia Bullrich anunciaba la nueva modalidad de introducir el militarismo en la sociedad, otra vez, pero de forma voluntaria, “la colimba”. ¿Qué forma es esa de solucionar los problemas militarizando a la sociedad?, ¿De qué valores republicanos habla la ministra?, ¿Qué democracia nos quieren vender? ¿La que nos subsume en la más onda desesperación?, ¿La que nos “empodera” cada cuatro años?, ¿La que nos fusila, la que nos mata de hambre, de frío, de un balazo? Ya no deseo que la democracia se fortalezca, porque cuando esto sucede nosotros, sus discípulos, sus víctimas, nos debilitamos, nos conformamos con saber que el único camino es ese y no otro. ¿Democracia para qué?, ¿para atravesar y desintegrar las puebladas?, ¿para dinamitar las asambleas?, ¿para llenar de balas los cuerpos de nuestrxs pibxs?, ¿para que el único trabajo “rentable” sea la venta de drogas?

Hace poco, en una presentación de un libro muy interesante, su autor aseguraba que “su siglo xx” comenzaba en Enero de 1994, cuando el Ejercito Zapatista de Liberación Nacional llamó a la rebelión en nombre de un poder desde abajo y a la izquierda. Por eso pienso que Marcuse creyó que era necesario resaltar las nuevas formas de dominación, porque esas modernas maneras de oprimir son aceptadas, son incorporadas como la superación de las viejas formas. Solo tenemos que abrir los diarios, escuchar las radios, oír las conversaciones en los lugares de trabajo, en los comités, en las unidades básicas, en las universidades, para dar cuenta del lenguaje que nos habita sin que sepamos que no somos nosotros los que hablamos. Ese nido de víboras freudiano necesita ser evidenciado y desarmado, porque es urgente hallar al enemigo que habita nuestro interior, sin cumplir esa dolorasa tarea será muy difícil.

Foto: Pepe Mateos

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