La secta del cuchillo y el coraje, nuevo disco de La Machacha.

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La secta del cuchillo y el coraje comienza con un riff sinuoso y algo áspero, una filigrana de guitarra que deja ecos y que, cuando pasa los tres primeros golpes de la batería, se sumerge de lleno en el mundo sonoro de La Machacha, creado por Alfredo Suhring (voz y armónica), Alejandro Gigliani (guitarra), Federico del Grande (guitarras), Leonardo Suhring (batería), Manga Díaz (bajo) y Maximiliano Novak (teclados).

El tema que abre este nuevo disco es “No me ves”, una canción misteriosa, de energía algo oscura y de poética recóndita, que sin embargo se desata y se vuelve pegadizo cuando desemboca en el estribillo. “No me ves”, que es una primera declaración, tiene un solo de guitarra en sus compases finales que funciona como la presentación de todo lo que está por venir. Es un solo que llega justo después de que Alfredo Suhring cante: “No me arrincones en este incendio/ Dame tu vida, que yo te puedo hacer bien”. Más adelante, cuando el solo parece achicarse y desaparecer, todo cambia: la fuerza del tema crece y entonces se intuye el espíritu del disco. La secta del cuchillo y el coraje es una obra que explora lo extraordinario que existe en lo cotidiano.

En estas canciones, La Machacha parece dar un vistazo a un momento del día en el que los fotógrafos ven algo que llaman “la luz mágica”, que es la luz del atardecer en el momento exacto en el que no es por completo día ni por completo noche, y en el que los colores brillan de un modo distinto. Ese universo habitual pero extraño, endulzado en la nostalgia, sobrevuela en este gran disco, sustancioso en pasajes de una épica sonora muy argentina.

Rocambole es el autor del dibujo de tapa, Alfredo Suhring de su diseño. – una obra inquietante, algo “brecciana”, que demuestra cómo está trabajando ahora este artista mítico– y la Negra Poly, la célebre manager de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, es la creadora del título del disco. El espíritu ricotero –ya saben: literatura fantástica pero familiar, voces misteriosas y melodías trabajadas; y una orgullosa marginalidad territorial, comercial y cultural– está presente.

Hoy, La Machacha es una de las bandas que mejor pueden entender y reinterpretar ese espíritu. Pero el disco La secta del cuchillo y el coraje no está atado a una sola especie, y hay nombres grandes que vienen a aportar su marca en esta aventura.

En “El Tesoro”, el segundo tema, las guitarras golpean con una fuerza que hereda la vertiente más poderosa del rock nacional, y Miguel Ángel “Micky” Rodríguez –el ex bajista de Los Piojos– toca y canta. En “La Copa”, en cambio, el audio adopta la forma de un paisaje desolador: el riff de la guitarra es casi doloroso, pero lo más perturbador de todo es el violín de Bruno Giuntini, crédito de la Orquesta Típica Fernández Fierro y de Derrotas Cadenas, as tanguero brillando en arenas rockeras.

El saxofonista y multiinstrumentista Bernardo Monk graba en “Mi Genio Amor”, una canción de enigma y de amor, y su saxo jazzero se cruza con las cuerdas y la percusión, y la canción se revela como un puente hacia una dimensión sensitiva diferente.

Más adelante, el armoniquista rosarino Franco Luciani trae su talento en “Puede ser”, un tema a mid-tempo que hace de introducción al último bloque del disco, donde va a aparecer “Jano”. Es una pieza de rock rabioso y doloroso dedicada a Jano Fernández, un chico asesinado en 2012 con un golpe de bate de béisbol, y cuyo padre le escribió una carta a Alfredo Suhring de la que salió una letra que dice: “Hoy te siento tan lejos/ Y sé que me escuchas desde un rincón del cielo/ Ahí voy, mi amor; la vida me detiene”.

Gabriela Martínez, la bajista de Las Pelotas, es la última invitada: toca y canta en “Mente Criminal”, una canción donde todos los planetas del universo de La Machacha confluyen con un riff grave, un solo con wah wah, una colección de acordes ambientales, una batería vehemente y una voz suplicante. Con estas once elaboradas canciones, La Machacha funda su secta y demuestra que el rock jamás morirá porque es la forma que a veces adquieren nuestros deseos, nuestros miedos y nuestros escapes. Este es un disco importante: escúchelo bien y hágalo escuchar. No podrá permanecer indiferente.

Por Javier Sinay (ex editor de la revista Rolling Stone)

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