por “La Kiki Velázquez”

Ocho de marzo de 2017, el sol de miércoles entra por la ventana con un viento distinto, vientos de libertad que llenan los pulmones de fuerza y de vida. Es que no es cualquier día, es 8 de marzo, DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER TRABAJADORA. Por eso trabajadoras de más de cincuenta países, salimos a las calles y paramos el mundo al grito de #NiUnaMenos.

¿Porqué?

Por que podemos, por que somos fuertes y juntas mucho más.

Por que a diferencia de esas que perdemos cada 18 horas en manos de asesinos, estamos vivas y es por ellas que alzamos nuestras voces.

Por que le decimos no a la violencia machista.

No a los femicidios, travesticidios y crímenes de odio.

No a la trata, el estado y la policía son responsables.

No a las más de cien muertes de mujeres pobres al año, por abortos clandestinos.

Con esas consignas y todas las reivindicaciones a cuestas, las mujeres tomamos las calles, hicimos de ellas nuestro escenario y arrancamos la jornada.

Olas de mujeres avasallamos cada esquina, cada plaza, cada rincón de nuestros países. En Argentina, fueron sesenta las ciudades que se sumaron al paro. En la ciudad de Buenos Aires, los ruidazos y el cese de tareas le daban comienzo a la multitudinaria marcha que fue desde Congreso hasta Plaza de Mayo.

Había carteles y banderas de todos los colores, pintadas, murgas, intervenciones artísticas, música, poesía. Mujeres cantando, recitando, gritando, actuando, todo se mezclaba con el sonido de bombos y redoblantes que le ponían ritmo a nuestras voces.

Marchamos escupiendo bronca, por todas las que faltan, pero también con alegría por que entre tanto dolor, entre tanto abuso y violaciones a nuestros derechos, estábamos ahí, encontrándonos decenas de miles de mujeres en un abrazo de lucha.

Fue una jornada inmensamente movilizadora, donde las mujeres y también ellos, nuestros compañeros, bancamos los trapos de la vida y la igualdad.

Por qué nos queremos así, ¡vivas! ¡Libres! ¡Lindas! ¡Locas!

También hubo de lo otro y de los otros, de esos que creen que con palos y gases pueden callar la voz de quienes buscamos un mundo mejor, un mundo al que ellos no están invitados. La policía, esa que inventaron ahora para reprimir en la ciudad, la misma que maneja las redes de trata, la que no toma denuncias a mujeres violentadas, la misma que viola, mata y desaparece, la que carga con casi 300 femicidios desde 1983 hasta hoy, esa misma policía aprovechó la desconcentración y cuando ya quedaban pocas en la plaza -como buenos cobardes que son-, avanzaron con camiones hidrantes y gases contra un grupo de mujeres. Las golpearon y se las llevaron detenidas arbitrariamente. Todavía se atrevieron a llamarlas violentas.

Pero como somos muchas y muchos en esta lucha, las detenciones de esas compañeras sólo nos unió más.

Inmediatamente se tejió una red de comunicación entre organizaciones e independientes que terminó en una nueva concentración, esta vez en la comisaria. Horas después liberaron a las compañeras detenidas.

¿Dónde está la clave? Ahí, en nuestra fuerza y unidad.

Sigamos fundidos en ese abrazo de lucha, todavía queda un largo recorrido para llegar a esa sociedad feminista, sin explotación y sin represión.

¡Hasta la victoria!

Y como dice la mujer más bella del mundo, Norita Cortiñas:

¡Venceremos!

Fotografías gentileza de: Laura Dalto y Daniela Boggero.

1 Comentario

  1. Hermosa y contundente crónica , que además visibiliza todas las voces. Me queda resonante esa clave, la unión y la fuerza. Que nos encuentre fundidxs en abrazos! Venceremos! Seamos 300 o miles pero venceremos!

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