Por: David Rodríguez

“Dicen que por las noches

 No más se le iba en puro llorar

 Dicen que no comía

No mas se le iba en puro tomar

 Juran que el mismo cielo

Se estremecía al oír su llanto

Como sufría por ella

Que hasta en su muerte la fue llamando”

Caetano Veloso – Cucurrucucu

Cómo no estremecerse de tristeza cuando Caetano Veloso canta magistralmente en la película “Hable con ella”, cómo no desear que el resto de los mortales se olvide un poco de lo cotidiano y se encierre para ver el eximio trabajo de Pedro Almodóvar. La primera vez que vi “Los abrazos rotos” me pregunté qué tendría el director español en su mente al momento de expresar en poco tiempo tanta tristeza, tanto dolor, tanta tragedia, tanta disrupción. La puesta en escena de “Los abrazos rotos” me introdujo en un empecinamiento casi patológico para determinar el origen de la tristeza almodovariana. Tristeza que, pasado el tiempo, comencé a incorporar como algo necesario para transitar y sentir emociones incomprensibles en los modos tradicionales de comprender. Seguí con esa tarea hasta llegar a “Volver”, un film que no me alcanzó con verlo tres veces, recién con tres veces mas comprendí algunas cosas. Almodóvar ofrece una realidad subordina a la realidad aceptada, a la realidad total, a la hegemónica. La realidad que percibe el director español es aquella en donde las mujeres ocupan gran parte del andamiaje social dentro de sus films, estas, por intermedio del amor revitalizan encuentros, sostienen otras vidas, así lo hace Manuela, el personaje que encarna Cecilia Roth en “Todo sobre mi  madre”.  Si uno presta un poco de atención a la filmografía almodovariana identificará rápidamente este detalle aun así, si le toca a algún hombre protagonizar. Otro de los puntos de análisis más llamativos en la obra es la persistencia constante de la escritura y el poder que en ella suscita en los individuos, interpreto que en cada film, la palabra acontece subversiva ante el espectador; así lo hace, implacable en “La mala educación”. Podría escribir hojas enteras sobre la riqueza de la obra almodovariana, pero luego de ver dos veces “Dolor y Gloria” comprendí que el prolífico director condensó de manera maravillosa los aspectos más importantes de su trabajo. Si esto tendría que ser un decálogo para asomarse a Almodóvar y a sus personajes consideraría que el primero debería ser ponerse cómodo. Este film, a mi entender uno de los más bellos, requiere solo capacidad para asombrarse, buena compañía, tabaco para quien fume y una buen vino para comentar las sensaciones posteriores. ¿Porqué “Dolor y Gloria”?, porque la vida de Salvador irrumpe en un contexto en donde su pasado potenció su doloroso futuro. La relación con su madre determinó, en buena medida, su andamiaje culposo, puede uno verificarlo en las traumáticas charlas que se dan durante todo el film. La vida de Salvador Mallo, interpretada por Antonio Banderas, narra de forma esplendida el ocaso de un exitoso director de cine. La narración comprende amores pasados, traiciones, arrepentimientos, pérdidas irreparables, reconciliaciones amorosas que van componiendo, de algún modo, la subjetivad del personaje. Escribía arriba que “Dolor y Gloria” condensa casi todo Almodóvar porque la otra realidad que propone no exime el cuestionamiento al paradigma de la familia tradicional. El uso combinado del vestuario de los personajes y la escenografía eleva el texto a una posición muy cercana a la perfección, ese segmento que falta lo cancela con la música elegida.

Leí en alguna critica que Almodóvar nunca le vendió el alma al diablo por eso atrae, el crítico consideraba a Hollywood como la manifestación del mal con lo cual me insta a pensar que esas reflexiones cancelan la posibilidad de ver la obra almodovariana como una pieza integral. 

Almodóvar se sube a la cúspide, será muy difícil superar tamaña obra, no solo para él, sino para sus colegas también. Espero estar equivocado. Me quedan algunas tareas, entre las más importantes, completar el decálogo almodovariano, con la dificultad que eso presenta.

2 Comentarios

  1. Comparto tu apreciación, es una película inmensa. Me llevó al Banquete, Platón, la visión del amor como pulsión de vida. .
    Conmovedora e inmensa película.

  2. Hermoso leer esto, evidentemente tengo mucho por ver todavía sobre ese decálogo almodovariano del que hablas. Nuevamente muchas gracias.

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