Hace cuarenta años la emoción, pagaré mediante, pedía disculpas a la humanidad. Una vez más. Para colmo, y como si fuera poco. De guampa y sin mediaciones. Con pies de plomo y manos planas. En la tormenta de frustraciones. Entre la esquiva dignidad y el calvario de los lamentos. Sin mayor cuota que la lectura de sus propias impunidades.

Eran diez. Baluartes, para su época. Demasiado pocos. Demasiado jóvenes para atravesar esa cancha. Y sin embargo jugaron más de los noventa, el descuento, y hasta patearon los penales por las dudas, con o sin arquero. ¿Qué tal un cohetazo en la sien, oficiales?

Escribían, pero no de puño y letra. Escribían caminando. Con la mirada justa, puesta debajo de la mira del fusil. El que les tocara o apuntara. De traje u overol. En punta. Si el blanco era preciso o no, era cuestión de otros. Lo importante fue lo gallardo de la batalla. El pecho inquebrantable, y la cuna meciéndose sobre los pies.

Pedían lo básico indispensable. Quizás con un exceso de respeto, pero con los pies sobre la tierra. Sin mayor gloria que el desayuno de la mañana siguiente y el abrazo de mamá, que esperó siempre firme al cierre de cada turno. ¡Que les contara alguien lo que era querer, si tenían huevos!

Pidieron por un boleto que no les llegó, pero que miles usamos por ellos. Y se los llevaron en un colectivo que no pedía permiso para entrar, y mucho menos para salir. Como un puñado de caramelos en un kiosko abierto veinticuatro horas sin nadie que pida peaje. Y esa puerta giratoria, tan grande, tan abierta, que junto a ellos se llevó a tantos de nuestras mejores metáforas, ganó su contienda hasta el día de hoy.

Lograron que esas palabras fueran al freezer. Pero por un rato. Solo por un rato. Hasta que el aliento de los que quedamos encontrará calor en la propia experiencia. Y aquí nos tenemos, revisando el mapa como entonces, a ver si llegamos a América sin brújula de una robusta vez.

Con los lápices en la mano, siempre dispuestos a escribir otra historia que no sea esta ensalada que ya está cansada de vinagre.

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